Los resultados de la última prueba PISA encendieron las alertas sobre el aprendizaje de los estudiantes chilenos. Según los datos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile registró una disminución en los puntajes de matemáticas y lectura respecto de la medición de 2022, mientras que en ciencias mantuvo resultados sin variaciones estadísticamente significativas.
En concreto, los estudiantes de 15 años obtuvieron 403 puntos en matemáticas, 436 en lectura y 442 en ciencias, cifras que se mantienen por debajo de los promedios de la OCDE. En lectura, el descenso fue de 12 puntos respecto de la evaluación anterior, una situación que vuelve a poner sobre la mesa la importancia de desarrollar habilidades de comprensión lectora desde los primeros años de escolaridad.
Frente a este escenario, Michel Abaroa, profesor de la UC y participante del Diplomado de Lectura de Profesores Principiantes, plantea que los resultados deben analizarse considerando tanto los efectos de la pandemia como las dificultades que se arrastran desde hace años en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
A su juicio, entre los factores que inciden en esta realidad se encuentran la disminución del hábito lector en los hogares, las dificultades para comprender textos complejos y el uso de pantallas sin una orientación pedagógica clara. A ello se suman prácticas educativas que, en ocasiones, priorizan la preparación para evaluaciones estandarizadas por sobre el desarrollo de habilidades de comprensión profunda.
“Debemos fortalecer la lectura como una habilidad transversal y no como una responsabilidad exclusiva de la asignatura de Lenguaje, de modo que toda la comunidad educativa se vea favorecida”, señala el docente. Desde esta perspectiva, la comprensión lectora no solo resulta fundamental para el aprendizaje de una lengua, sino que también permite interpretar información, resolver problemas y construir conocimientos en distintas áreas del currículum.
Para avanzar en esta dirección, Abaroa destaca la necesidad de incorporar experiencias de lectura más diversas y sistemáticas en las aulas. Esto implica trabajar con textos auténticos y desafiantes, desarrollar habilidades explícitas e inferenciales y promover la interpretación y el pensamiento crítico. También propone recuperar el uso del libro impreso como una alternativa para diversificar las experiencias de aprendizaje y favorecer una relación más cercana con la lectura.
“Debemos volver a enamorarnos de la lectura y crear un vínculo afectivo responsable con ella. Hay que ofrecer espacios de lectura autónoma, conversación y selección de textos que conecten con los intereses de nuestros estudiantes”, sostiene.
El profesor también enfatiza la importancia de revisar las prácticas de evaluación. Más allá de la calificación, plantea que estas deben permitir identificar dificultades, entregar retroalimentación oportuna y acompañar el progreso de cada estudiante. De esta manera, los resultados dejan de ser únicamente una medida del desempeño y se convierten en una oportunidad para ajustar las estrategias pedagógicas.
Otro aspecto relevante es el desarrollo de la metacognición, es decir, la capacidad de los estudiantes para reconocer y regular sus propios procesos de aprendizaje. Para ello, Abaroa propone avanzar hacia un currículum que priorice el desarrollo de habilidades y la autonomía, junto con establecer acuerdos metodológicos entre los docentes que permitan dar continuidad y coherencia al trabajo en el aula.
Asimismo, destaca que las tecnologías pueden contribuir al aprendizaje cuando se utilizan con un propósito pedagógico definido. Plataformas interactivas como Wordwall, Kahoot o Gynzy pueden complementar las actividades de enseñanza y aumentar la participación de los estudiantes, siempre que su incorporación responda a objetivos de aprendizaje claros.
Si bien los resultados de PISA reflejan dificultades que afectan a distintos sistemas educativos, para el docente representan también una oportunidad para revisar las estrategias que se implementan en las escuelas. Fortalecer la comprensión lectora, promover la autonomía y generar experiencias significativas de aprendizaje requiere tiempo, planificación y un compromiso compartido entre docentes, familias y comunidades educativas.
En este contexto, el desafío no consiste únicamente en mejorar los puntajes de una evaluación internacional, sino en desarrollar herramientas que permitan a los estudiantes comprender, interpretar y desenvolverse de manera crítica en el mundo que los rodea.
